Los profesionales de la comunicación no pueden representar de manera homogénea a su público por carecer de características comunes.
Eterna “batalla” entre escribir desde el arte, desde el corazón, y escribir como pura profesión para transmitir ideas comprensibles.
El ideal del pueblo no es el mismo que el del escritor, quien se ve forzado a escribir alejado del ingenio que pudiera mostrar.
Este mercado de la comunicación se basa, al fin y al cabo, en términos económicos por lo que el factor artístico y científico no tienen cabida ya que, si no se desprecian, “se cotizan a escaso precio”. Son elementos ajenos a la masa social en general que, incoherentemente, conforman a su vez la cultura del país.
Crítica al valor que se le da a la sociedad en general: “vale más la máquina que el producto, el título de ingeniero que el ingenio, la traducción que la creación…”.
Debido a que el lector probablemente no vaya a advertir el arte del profesional en sus escritos, dicho profesional se ve relegado a crear productos sobrios, simples a precios asequibles, contentándose éste con la mínima ración sin producir más y condenándolo, sin saberlo el lector, a una miseria informativa.
Se remarca la idea de que gastamos tanto o más en “llenar la tripa” que en abastecer la mente, alegando que en nuestra sociedad coexisten las mismas leyes para el cerebro que para el estómago.
Nuestra cultura intelectual se basa en el individualismo de nuestros actos: es una producción aislada, caótica, rudimentaria. Utilizando el símil del humilde artesano, explica cómo entre el profesional que crea y el usuario que recibe, hay demasiados intermediarios que dificultan la producción mental de cada lector y la hacen escasa.
Nuestro mundo literario consume lo que produce, pero por otro lado, lo que produce nunca va más allá, por lo que los productos más baratos y simples son los que verdaderamente triunfan entre el lector de a pie.
Se insta a fomentar el humanismo y el cosmopolitismo en la sociedad, creando nuevas mentalidades para el profesional, y que éste las integre en el ambiente nacional haciéndolo propio y no visto como algo fuera de su círculo, ajeno a sus raíces.
Si conseguimos adecuar al entorno social estas ideas venidas de fuera, conseguimos con éxito crear conciencia e integrar mente y realidad, sin reducirse a meros contextos cerrados, reducidos y rutinarios. Esto impulsará que el lector recree, actúe, reaccione y que no se muestre como un público de arcilla totalmente imitativo de lo que recibe.
Esta sugestión por parte del público deviene en un carácter infantil e incluso senil donde la lógica nos dice que, por ejemplo, aquel que nunca lee impide que otros puedan crear para él y para otros tantos en su situación, ya que sería inútil dicha
acción. Esto transmitido de unos a otros, expande la idea de que no hay quien pueda hacer llegar el orden intelectual a una sociedad así, porque nadie estará lo suficientemente formado para ello.
Fue tarea más sencilla crear máquinas rotativas que descubrir el porqué del savoir faire (el conocimiento) en escritores, publicistas y periodistas allegados. De hecho, dichas máquinas se han convertido en el factor clave que mueve la sociedad. En un país analfabeto, se transforman las ansias de crear de algunos, en banales producciones para el divertimento general, debilitando a la vez la mente.
De lo hablado en el punto anterior, se acaba consecuentemente con la importancia del escritor, haciendo productos similares y poco originales donde termina por tener más importancia la empresa que crea dichos frutos, que el profesional en sí mismo.
Es más, los productos literarios venidos de fuera (pese a ser más caros) incluso pueden tener más éxito que los confeccionados en la Península. De ahí la importancia de las traducciones: “¿se escribe poco en España porque se traduce mucho, o se traduce mucho porque se escribe poco?”.
La indiferencia para con los profesionales de aquí, ciega a las industrias que traen productos de fuera sin darse cuenta de lo que podrían obtener del mismo país.
La hipótesis de que el libro será sustituido por la revista y el periódico nos muestra la mentalidad de la masa en general. Supeditados a la misma actualidad, prefieren informarse vagamente sobre temas intelectuales, que acudir a las obras de esos autores donde, claramente, el valor comunicativo es mucho más extenso.
No interesa tanto la opinión de un solo autor, como la de muchos expuestos brevemente y adecuando siempre el contenido de su texto al público que les compra. Sobre todo, deben ser productos atractivos y que distraigan al lector, que aprenda no es tan relevante.
En 1906, el orador o “charlatán” producía en la sociedad española, dominada por los analfabetos, un mayor afecto en las masas que los escritores de los periódicos y revistas. Y es que quienes leían alguno de estos dos medios de comunicación lo hacia más por pasatiempo que por querer aprender de algún tema en concreto.
La sociedad española estaba formada por dos tipos de hombres, culturalmente hablando: el hombre de ciencia, que de la lectura sacaba dudas de la verdad o respondía a una pregunta interrogada, y el hombre vulgar, que busca en las páginas de un libro, periódico o revista unas líneas escritas que le hablaran sin dialogar, es decir, que no le decían ni le aportaban nada nuevo.
El número de lectores de los libros era muy reducido, por lo que este formato cultural estaba en crisis. Además, a esto había que sumarle que muchos de los que lo leían lo
hacían sin tener “entendederas” o sin saber descifrar el poema de un pensamiento que no se escribe en palabras. Por ello, el texto explica que leer un libro con alma es darle una nueva mentalidad a lo que se está leyendo o consumiendo mediante la lectura, de tal forma que al final de esos “nuevos” saberes surjan nuevos libros.
Entre las causas que hicieron que los libros, revistas y periódicos estuvieran en crisis se puede destacar, sin duda alguna, la crítica. Este género periodístico pasó de ser desapasionado e imparcial a ser una alabanza o insulto grosero hacia algún producto literario. Además, otra de las razones del reducido número de lectores de los libros recae sobre la falta de cultura de los que escriben, leen y critican.
Los libros, revistas o periódicos no eran enemigos entre sí. Cada uno se ocupaba de sectores distintos, mientras la revista destacaba en lo gráfico, el periódico versaba sobre acontecimientos sociales que dejan unas huellas muy efímeras en la sociedad. El libro, por su parte, se pensaba que era únicamente para los desocupados y los hombres de estudios.
Las revistas ayudaban a fomentar el crecimiento del espíritu patrio, logrando tener mayor conciencia de él. Esto se alcanzaba gracias a que cuando alguna persona se encontraba en el extranjero tenía necesidad de conocer que estaba sucediendo en su país; y esta sed de conocimientos era calmada gracias a ellas.
Habría que entender los tres tipos de literatura, revista, periódico y libros, como parte de un todo y no como elementos exclusorios entre sí.
Los periódicos que más éxito tienen en España son los rotativos madrileños, ya que la prensa local o regional quedaba reducida a información telegráfica y anuncios.
Cada escuela que se abría formaba a futuros lectores o clientes de periódicos, acabando así con la enorme ignorancia que predominaba en la sociedad de entonces.
A mayor libertad económica en la prensa, la libertad moral también era mayor.
El poder de la prensa está ligado al camino que ha ido recorriendo y al papel que ha adquirido a lo largo de los tiempos, no nace en la redacción o en el gabinete del político.
El público consumidor de la prensa, pese a ser el generador de ideas y el motor para el funcionamiento de ésta, no puede colaborar en su desarrollo por la ignorancia del público y de las masas sociales. Por eso, cuando la prensa carece del poder que podría llegar a ejercer este público, no puede realizar un trabajo representativo de nuestra sociedad, sino un trabajo más individualizado.
La prensa fue la primera y la más eficaz herramienta para el desarrollo de las libertades individuales y colectivas. Por este motivo no debe olvidar su ascendencia democrática, porque cuando lo hace se convierte en autoritaria y condena al olvido de las
inteligencias libres de nuestra comunidad. El poder de la prensa no se caracteriza por la autoridad, sino por la libertad.
La prensa es un producto intelectual para las medianías, término medio entre los intelectuales y los ignorantes, y está considerada como la única difusora del pensamiento moderno y para muchos periodistas, el papel impreso es el que ejerce la máxima soberanía.
El periodismo español está realizado por individuos que no desarrollan esta profesión por vocación, lo que provoca que a la larga sí puedan realizar su trabajo como comunicador, pero dichos trabajos no sean dignos de un buen periodista. La falta de técnica y de laboriosidad convierte a los periódicos de menor circulación en escuelas de periodismo.
El trabajo periodístico que se realiza en España no se corresponde con el trabajo realizado en el extranjero (este último es muy superior al nuestro y abarca muchos más ámbitos). Esto lleva a pensar que para poder proceder al rescate de la prensa sería importante establecer una escuela donde se enseñe a los periodistas a realizar su trabajo como es debido. La prensa española es demasiado común, fijándose en los detalles que apenas tienen importancia y dejando de lado ámbitos tan importantes como el internacional. La reseña internacional y la correspondencia política y social no se ven en nuestros periódicos, y esto lleva a preguntarse ¿estos contenidos no se leen porque no se añaden o porque nadie los lee? La respuesta es bien sencilla, quizá haya muchos lectores a los que no les interese la prensa internacional, pero a la vista está que los periódicos reciben cada día a nuevos lectores, y este hecho se debe tener en cuenta para el buen desarrollo del periódico.
La verdadera actualidad reside en que cuando una persona escribe sobre “algo”, ese “algo” se convierte en actualidad. Es más actual lo que miran las inteligencias más privilegiadas que la sociedad de masas porque la sociedad no ve más allá de sus narices. A veces lo actual no es tan actual y lo inactual tan inactual, por eso es importante tener en cuenta otros pensamientos. Por este motivo, aquellos intelectuales que hablan sobre temas que aparentemente no son de actualidad y son de interés público porque precisamente no están considerados como actuales son los precursores del mañana. La conciencia individual ha tenido un desarrollo y un crecimiento muy superior a la de los colectivos.
El rotativo es el mayor corruptor de todos. En los periódicos cabe mucho más de lo que allí se pone, pero en él solo se ofrece una parte de la visión que se puede ofrecer a la sociedad, una visión incompleta.
Hay una estrecha unión entre prensa y política, por eso a medida que la política se
consolidó como una empresa de gobierno, también lo hizo la prensa, y el negocio de la política derivó en la política de los negocios. Por ese motivo, en cuanto la rotativa reunió el capital y los obreros necesarios, se fue produciendo la escisión entre prensa y política, tratando ésta de entregarse a la vida social de la nación y haciendo del dinero el denominador común de todas las ideas. Hay muchos hombres de partido que aún piensan en que el público adquiera miles de números de su periódico cada día, sin darse cuenta de que las mentalidades más sobresalientes de nuestra sociedad apenas llegan a la décima parte de los lectores.
El poder oligárquico que ejerce ilegítimamente el poder parlamentario y periodístico cuando el espíritu de empresa de la política y el de la prensa se unen, provoca que la evolución social de la prensa se retarde. Hay una impersonalización individual porque se alimenta al público con hojas quizá mejor impresas e informadas, pero se va callando el espíritu de los lectores protestantes, de aquellos lectores inteligentes que se dan cuenta de hacia dónde se dirigen los tiros.
Solo con la colaboración del público, ayudado por el Estado, se puede luchar contra estos nuevos “caballeros de industria” que emprenden sus cruzadas con ánimo de custodiar el “santo dividendo”, o lo que es lo mismo, las subvenciones y el dinero que generan con este negocio. Si bien, es un negocio en riesgo si alguien prudente decide cambiar las cosas de rumbo.
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